El condón y sus incovenientes

Hablar de condones es hablar de sexualidad, de pareja y de prevención; pero también de riesgos e incómodas contingencias

El primer inconveniente es su adquisición. No es difícil imaginar la dificultad que significó para las anteriores generaciones solicitar un paquete de condones al farmacéutico, especialmente aquellos cuya anatomía sexual se ubicaba por debajo de la línea media: “¿Y de qué tamaño los desea el señor?”. Seguramente esta fue la principal razón por la que alguna mente creativa llegó a la conclusión de que era mejor tomarlo que pedirlo. El resultado, el nacimiento de los exhibidores en las farmacias, para fortuna de muchos.

A veces las perjudicadas son ellas

El mexicano promedio piensa que su poderío se basa en la longitud de su miembro y la publicidad se ha encargado de difundir el –¿erróneo? – mensaje de “el tamaño sí importa”. Como quiera que sea, los condones se fabrican en diferentes tamaños, y el consumidor siempre se remite a la longitud de producto sin pensar que es más importante el grosor, ya que quien utiliza un condón que le queda flojo se expone a que éste termine extraviado en las entrañas de su pareja, con sus correspondientes e infames consecuencias. Si no lo has hecho, toma nota e incluye este detalle en tu lista personal de tips sexuales.

Otra interesante y divertida variante de los condones es su presentación en diferentes sabores, ampliamente recomendados para el sexo oral, especialmente por la seguridad que ofrece, y añadiendo a la vez un toque muy ameno a la práctica de la sexualidad. Sin embargo, hay sabores que rayan en la exageración y se ha sabido de mujeres que, tras una experiencia no muy grata, han optado incluso por retirar de sus hábitos las paletas heladas de fresa…

Por supuesto existen muchas variantes más, entre las que destacan los condones fluorescentes, con textura, aromáticos y hasta con vibrador. Recordemos que, finalmente, los condones no hacen al amante, el amante hace al condón. Por eso, como decía mi abuelito, más vale chiquito y rinconero, que monumental y chapucero.